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Ya nada volverá a ser como antes, cantaba El Canto del Loco allá por 2009, así como, si fuera una premonición ante la pandemia de 2020. Y es que todo ha cambiado, hasta el Thyssen tras la cuarentena.

El sábado 6 de junio abrieron los 3 museos más importantes de Madrid. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el Museo del Prado, y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía volvían a recibir visitantes tras tres tristes (tigres) meses cerrados.

Yo fui una de las afortunadas en poner mi nuevo yo, eso sí con mascarilla, en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Pero como he dicho antes, ya nada fue como antes. Y no solo por tener que pelearme por guardar las distancias, y llevar el nuevo complemento de anti-moda. Sino también, por el hecho de mirar las obras desde un punto de vista post día D. Día que casualmente coincidía con el verdadero día D.

Históricamente, se utiliza el término día D para referirse al 6 de junio de 1944 en la Segunda Guerra Mundial, día en el que comenzó a ejecutarse la denominada Operación Overlord.

El caso es que mi recorrido por el Thyssen tras la cuarentena fue diferente al realizado en otras ocasiones. Claramente estaba influenciada por lo ocurrido en estas semanas pasadas. Y fue así, como una serie de cuadros me llevaron a esta conclusión.

El Thyssen tras la cuarentena

Santa Casilda (Francisco de Zurbarán)

Yo no sé vosotros, pero un 5 % de mi cuarentena lo he invertido sacando ropa de los cajones y probándome outfits, para cuando se acabara el periodo de confinamiento. Como aquí Santa Casilda. Eso sí, he llevado prácticamente el mismo modelo para ir a comprar y para dar los paseos diarios de rigor. ¿Os ha pasado lo mismo?

Cuadro Santa Casilda (Francisco de Zurbarán)

Johannisstrasse, Murnau (Wassily Kandinsky)

Así me sentía yo cada vez que venía del súper por la calles vacías de Madrid. Dos grandes bolsas en cada mano, y las patatas fritas, los Donettes y la cerveza en el fondo. Por si me paraba un policía y la compra no era necesariamente «básica».

Cuadro Johannisstrasse, Murnau de Wassily Kandinsky

Maria y Annunziata «del puerto» (Christian Schad)

Según los especialistas, si medimos el confinamiento en peso, nos daría cómo resultado una media de 3 kilos. Algunos más, algunos menos, y otros incluso, con resultado negativo.

El estilo de vida sedentario, la nevera al alcance de la mano, y la reducida actividad física, han sido los platos combinados de esta cuarentena. Aunque María y Annunziata, ya venían comidas de casa.

Maria y Annunziata "del puerto" 
 de Christian Schad

Los jugadores de cartas (Lucas Hugensz. van Leyden)

Qué levante la mano, quien haya usado ese juego de mesa abandonado en el fondo del armario durante la cuarentena. Lo peor quizás hayan sido los enfados post juego. Sin poder salir a airearse un rato, o bajar al bar de abajo.

Cuadro de Los jugadores de cartas de Lucas Hugensz. van Leyden

Retrato de un matrimonio (Gabriel Zehender)

El confinamiento ha aumentado el riesgo de divorcios, como así lo reflejan los rostros de este Retrato de un matrimonio. En la región china de Xi’an, por ejemplo, hubo una avalancha de separaciones debido al confinamiento. Aunque algunas parejas luego se arrepintieron, y han decidido casarse de nuevo. El roce a veces, no hace el cariño ¿o si?.

Retrato de un matrimonio  de Gabriel Zehender en el Thyssen

Robles junto al agua (Christian E. B. Morgenstern)

La pandemia de coronavirus le ha dado el descanso a la naturaleza que tanto necesitaba. Los ríos han recuperado su color en muchas ciudades, la contaminación se ha reducido, y la vida silvestre ha reclamado sus espacios. Muerto (o confinado) el perro, se acabó la rabia.

Cuadro de el Thyssen Robles junto al agua, de Christian E. B. Morgenstern

Bodegón con pastel de frutas y diversos objetos (Willem Claesz. Heda)

Las compras principales del confinamiento pueden reducirse a dos: alcohol, y dulces. Bueno, en realidad, tres. Si hay algo que faltaría en este cuadro de cuarentena, sería un rollo de papel higiénico. Aceptamos «mantel de tela blanco» como «elemento de higiene».

Bodegón con pastel de frutas y diversos objetos (Willem Claesz. Heda)

Hugo Erfurth con perro (Otto Dix)

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y si el perro es el mejor amigo del hombre, entonces el bien más preciado del hombre es el can. Los grandes triunfadores de esta cuarentena, han sido los dueños de perros. Gracias a sus mascotas, pudieron salir a pasear durante las primeras semanas, cuando el resto aún no podíamos.

Cuadro en el museo Thyssen: Hugo Erfurth con perro  de Otto Dix

Bad Ischl (Ferdinand Georg Waldmüller)

Las imágenes de las playas vacías en Semana Santa, han sido todo un hito en la historia reciente de España. Aún así, algún «listo» se desplazó a su segunda residencia, y finalmente se quedó sin playa y sin Wifi. Mejor para los peces.

Caudro en el museo Thyssen: Bad Ischl  de Ferdinand Georg Waldmüller

San Juan Bautista predicando en el desierto (Pier Francesco Mola)

La tónica habitual desde que comenzó el estado de alarma, es tomarse el café viendo la rueda de prensa del señor Fernando Simón. A mi personalmente este cuadro me recuerda a esta nueva normalidad diaria. Solo que sustituyendo a los oyentes de San Juan, por periodistas.

Cuadro en el Thyssen: San Juan Bautista predicando en el desierto de Pier Francesco Mola

Retrato de un caballero (Nicolaes Maes)

«Y yo con estos pelos», parece decir este caballero. Y sinceramente, puedo decir que este caballero nos representó hasta el 4 de mayo. Día en el que, por fin, abrieron las peluquerías después del confinamiento.

Retrato de un caballero de Nicolaes Maes en el museo Thyssen

Autorretrato con laúd (Jan Havicksz. Steen)

¿No habéis acabado un poco cansados de los streaming de músicos, Djs, cantantes? Cierto es que lo hacían con la mejor intención del mundo, pero sinceramente, «lo poco agrada, lo mucho cansa».

Autorretrato con laúd  de Jan Havicksz. Steen en el museo Thyssen

Interior de una taberna (Adriaen van Ostade)

Este señor ha sustituido por fin la silla y la mesa de su casa, por la del bar. Ha esperado pacientemente la entrada en la fase 2. Y ahora, espera entrar en la fase 3, la fase 4, y las que le echen, sin despegar sus posaderas de este asiento vitalicio.

Interior de una taberna  de Adriaen van Ostade en el museo del Thyssen

¿Qué os parece este análisis del Thyssen tras la cuarentena?

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